Hermès hecho en China: la estafa dorada que los tontos siguen presumiendo
Es 2025, y el lujo ya no es lo que solía ser. O tal vez sí, solo con un nuevo envoltorio. Un video viral en TikTok de @senbags2 sacudió los cimientos del esnobismo fashionista: el 80% de las bolsas de Hermès, Gucci y Prada se fabrican en China, aunque la etiqueta jure que son “Made in France” o “Made in Italy”. Ese discurso de “hecha a mano por un artesano parisino”… resulta ser más bien “producida en masa en Guangzhou”. Ups.
Entonces, ¿qué pasa con esa clásica frase de “esa bolsa cuesta más que mi coche, bro”?
¿Nos reímos? ¿Lloramos? ¿O seguimos creyendo en el marketing como si fuera un libro sagrado?
Esto no fue solo la caída de una marca. Fue el colapso de todo un sistema de creencias construido sobre la escasez, la arrogancia, el misterio y los cuentos de hadas. Hermès no vendía bolsas; vendía un aura. Exclusividad. Legado. Estatus. Y ese brillo… se reventó como un globo en una fiesta de jardín cuando alguien encendió la luz y gritó: “¡Son como todos los demás!”
Las redes sociales ardieron. La pregunta flotaba en todas partes: ¿sigue siendo lujo si se produce en masa alrededor del mundo? ¿Estamos pagando por la historia, por la ilusión o simplemente por la etiqueta? Porque si ningún artesano está cosiendo con cuidado cada pétalo en un taller secreto en Lyon, ¿por qué demonios cuesta lo que cuesta?
Algunos consumidores dicen que no les importa: que lo que compran es la narrativa. Otros juran que jamás volverán a gastar su dinero en “una bolsa que también podrías encontrar en un tianguis de León, Guanajuato”. Algunos se sienten traicionados. Otros lo niegan. Y algunos presumen todavía más. En ciudades como Los Mochis, créeme: el chisme corre rápido, pero el ego pesa más que el ticket de compra.
Por supuesto, las marcas están reaccionando. Prepárate para campañas “transparentes”, transmisiones en vivo del único artesano trabajando entre un mar de máquinas, videos emotivos con música orquestal y voces susurrando: “Cada puntada cuenta una historia.” El marketing se reinventa. Pero el hechizo ya está roto.
Y ahí queda, flotando, la pregunta atrapada entre reels y cuentas bancarias en rojo ¿estamos comprando el producto o la ilusión?, ¿el logo o la piel?, ¿el estatus… o solo la historia?
En Latido Studio, seguimos escuchando. Porque el mercado del lujo ya no vende objetos: vende narrativas.
Y sí, hay quienes siguen comprando. Y presumiendo. Como si nada hubiera pasado.

